Frailes Carmelitas Descalzos en Ecuador

Lenguaje y espiritualidad

(apuntes y citas para conferencia)

Mgt. Serafín Ilvay ocds
enero 2018

El presente documento recoge diferentes citas y apuntes, utilizados en el desarrollo del tema de “Lenguaje y espiritualidad” para la video-conferencia que se realizó en el Instituto de Espiritualidad Santa Teresa del niño Jesús, la última semana de enero de 2018.

Para abordar el tema se proponen distintos momentos: contexto histórico, bíblico, espiritual, comunicacional y coyuntural, para lo que se utilizarán una presentación digital, así como, un video musical y un cortometraje.

Para iniciar, el Evangelio de Juan presenta a Dios como la Palabra que da origen y a Jesús como la palabra revelada.

La Palabra de Dios se hizo hombre (Juan 1, 1-18)

En el principio era el Palabra,

y el Palabra estaba ante Dios,

y el Palabra era Dios.

Él estaba ante Dios en el principio.

Por él se hizo todo,

y nada llegó a ser sin él.

Lo que fue hecho tenía vida en él,

y para los hombres la vida era luz.

La luz brilla en las tinieblas,

y las tinieblas no la impidieron.

Vino un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan.

Vino para dar testimonio, como testigo de la luz,

para que todos creyeran por él.

Aunque no fuera él la luz, le tocaba dar testimonio de la luz.

El era la luz verdadera,

la luz que ilumina a todo hombre,

y llegaba al mundo.

Ya estaba en el mundo,

este mundo que se hizo por él,

este mundo que no lo recibió.

Vino a su propia casa,

y los suyos no lo recibieron;

pero a todos los que lo recibieron

les dio capacidad para ser hijos de Dios.

Y el Palabra se hizo carne,

puso su tienda entre nosotros,

y hemos visto su Gloria:

la Gloria que recibe del Padre el Hijo único;

en él todo era don amoroso y verdad.

Juan dio testimonio de él;

dijo muy fuerte: «De él yo hablaba al decir:

El que ha venido detrás de mí ya está delante de mí,

porque era antes que yo.»

De su plenitud hemos recibido todos,

y cada don amoroso preparaba otro.

Por medio de Moisés hemos recibido la Ley,

pero la verdad y el don amoroso

nos llegó por medio de Jesucristo.

Nadie ha visto a Dios jamás,

pero Dios-Hijo único,

él que está en el seno del Padre

nos lo dio a conocer.

Dios en su Palabra se dice, se presenta y muestra a sí mismo, pues cuando Dios habla se descubre y se le puede apreciar.  En la palabra y el lenguaje es la cosa del ser, donde el lenguaje se vivey no solo se dice, es decir que no es solo el sonido de la palabra, como tal, sino lo que se manifiesta en la expresión… es lo que es, en la escucha, en la manifestación.

Puntos de reflexión:

  • En el principio era el Palabra y el Palabra estaba ante Dios, y el Palabra era Dios”
  • “Vino un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan.  Vino para dar testimonio, como testigo de la luz”
  • “El era la luz verdadera, la luz que ilumina a todo hombre”
  • “Y el Palabra se hizo carne, puso su tienda entre nosotros, y hemos visto su Gloria”
  • “Por medio de Moisés hemos recibido la Ley, pero la verdad y el don amoroso nos llegó por medio de Jesucristo”.

Dios creador – la palabra creadora…

Dios ordena el universo

Génesis 1

1 En el principio, cuando Dios creó los cielos y la tierra, 2 todo era confusión y no había nada en la tierra. Las tinieblas cubrían los abismos mientras el espíritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas.

3 Dijo Dios: «Haya luz», y hubo luz. 4 Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas. 5 Dios llamó a la luz «Día» y a las tinieblas «Noche». Atardeció y amaneció: fue el día Primero.

6 Dijo Dios: «Haya una bóveda en medio de las aguas, para que separe unas aguas de las otras.» 7 Hizo Dios entonces como una bóveda y separó unas aguas de las otras: las que estaban por encima del firmamento, de las que estaban por debajo de él. Y así sucedió. 8 Dios llamó a esta bóveda «Cielo». Y atardeció y amaneció: fue el día Segundo.

9 Dijo Dios: «Júntense las aguas de debajo de los cielos en un solo depósito, y aparezca el suelo seco.» Y así fue. 10 Dios llamó al suelo seco «Tierra» y al depósito de las aguas «Mares». Y vio Dios que esto era bueno.

11 Dijo Dios: «Produzca la tierra hierba, plantas que den semilla, y árboles frutales que por toda la tierra den fruto con su semilla dentro, cada uno según su especie.» Y así fue. 12 La tierra produjo hierba, plantas que dan semillas y árboles frutales que dan fruto con su semilla dentro, cada uno según su especie. Dios vio que esto era bueno. 13 Y atardeció y amaneció: fue el día Tercero.

14 Dijo Dios: «Haya luceros en el cielo que separen el día de la noche, que sirvan para señalar las fiestas, los días y los años, 15 y que brillen en el firmamento para iluminar la tierra.» Y así sucedió. 16 E hizo Dios los dos grandes luceros: el lucero mayor para regir el día, el lucero menor para regir la noche, e hizo también las estrellas. 17 Dios los colocó en lo alto de los cielos para iluminar la tierra, 18 para regir el día y la noche y separar la luz de las tinieblas; y vio Dios que esto era bueno. 19 Y atardeció y amaneció: fue el día Cuarto.

20 Dijo Dios: «Llénense las aguas de seres vivientes y revoloteen aves sobre la tierra y bajo el firmamento.» 21 Dios creó entonces los grandes monstruos marinos y todos los seres que viven en el agua según su especie, y todas las aves, según su especie. Y vio Dios que todo ello era bueno. 22 Los bendijo Dios, diciendo: «Crezcan, multiplíquense y llenen las aguas del mar, y multiplíquense asimismo las aves sobre la tierra.» 23 Y atardeció y amaneció: fue el día Quinto.

24 Dijo Dios: «Produzca la tierra vivientes según sus especies, animales del campo, reptiles y fieras.» Y así fue.  25 Dios hizo las distintas clases de animales salvajes según su especie, los animales del campo según sus especies, y todos los reptiles de la tierra según sus especies. Y vio Dios que todo esto era bueno.

26 Dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que tenga autoridad sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo, sobre los animales del campo, las fieras salvajes y los reptiles que se arrastran por el suelo.»

27 Y creó Dios al hombre a su imagen.

A imagen de Dios lo creó.

Varón y mujer los creó.

28 Dios los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Tengan autoridad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.»

29 Dijo Dios: «Hoy les entrego para que se alimenten toda clase de plantas con semillas que hay sobre la tierra, y toda clase de árboles frutales. 30 A los animales salvajes, a las aves del cielo y a todos los seres vivientes que se mueven sobre la tierra, les doy pasto verde para que coman.» Y así fue.

31 Dios vio que todo cuanto había hecho era muy bueno. Y atardeció y amaneció: fue el día Sexto.

Puntos de reflexión:

  • “Dijo Dios: «Haya luz», y hubo luz”
  • “Dios llamó al suelo seco «Tierra» y al depósito de las aguas «Mares»”.
  • “Dios vio que todo cuanto había hecho era muy bueno.”

La palabra creadora y restauradora – creación y restauración…Dios da origen a todo el universo, al hombre… desde su palabra “Dios dijo” y en seis días, día por día, crea cada cosa… mira que todo está bien, descansa y continúa.

Descubrir que el paisaje natural, la naturaleza es la palabra escrita de Dios, que el hombre ahora está borrando con la explotación de sus recursos naturales… el hombre está destruyendo lo escrito por Dios.

Ante esta realidad el Papa Francisco, con su palabra, llama a restaurar la creación desde su Carta Encíclica Laudato Si’ sobre el cuidado de la casa común. A continuación texto para comentar sobre la creación y la naturaleza.

76. Para la tradición judío-cristiana, decir « creación » es más que decir naturaleza, porque tiene que ver con un proyecto del amor de Dios donde cada criatura tiene un valor y un significado. La naturaleza suele entenderse como un sistema que se analiza, comprende y gestiona, pero la creación sólo puede ser entendida como un don que surge de la mano abierta del Padre de todos, como una realidad iluminada por el amor que nos convoca a una comunión universal.

77. «Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos» (Sal 33,6). Así se nos indica que el mundo procedió de una decisión, no del caos o la casualidad, lo cual lo enaltece todavía más. Hay una opción libre expresada en la palabra creadora. El universo no surgió como resultado de una omnipotencia arbitraria, de una demostración de fuerza o de un deseo de autoafirmación. La creación es del orden del amor. El amor de Dios es el móvil fundamental de todo lo creado: « Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hiciste, porque, si algo odiaras, no lo habrías creado » (Sb 11,24). Entonces, cada criatura es objeto de la ternura del Padre, que le da un lugar en el mundo. Hasta la vida efímera del ser más insignificante es objeto de su amor y, en esos pocos segundos de existencia, él lo rodea con su cariño. Decía san Basilio Magno que el Creador es también «la bondad sin envidia»[44], y Dante Alighieri hablaba del « amor que mueve el sol y las estrellas »[45]. Por eso, de las obras creadas se asciende «hasta su misericordia amorosa »[46].

78. Al mismo tiempo, el pensamiento judío-cristiano desmitificó la naturaleza. Sin dejar de admirarla por su esplendor y su inmensidad, ya no le atribuyó un carácter divino. De esa manera se destaca todavía más nuestro compromiso ante ella. Un retorno a la naturaleza no puede ser a costa de la libertad y la responsabilidad del ser humano, que es parte del mundo con el deber de cultivar sus propias capacidades para protegerlo y desarrollar sus potencialidades. Si reconocemos el valor y la fragilidad de la naturaleza, y al mismo tiempo las capacidades que el Creador nos otorgó, esto nos permite terminar hoy con el mito moderno del progreso material sin límites. Un mundo frágil, con un ser humano a quien Dios le confía su cuidado, interpela nuestra inteligencia para reconocer cómo deberíamos orientar, cultivar y limitar nuestro poder.

79. En este universo, conformado por sistemas abiertos que entran en comunicación unos con otros, podemos descubrir innumerables formas de relación y participación. Esto lleva a pensar también al conjunto como abierto a la trascendencia de Dios, dentro de la cual se desarrolla. La fe nos permite interpretar el sentido y la belleza misteriosa de lo que acontece. La libertad humana puede hacer su aporte inteligente hacia una evolución positiva, pero también puede agregar nuevos males, nuevas causas de sufrimiento y verdaderos retrocesos. Esto da lugar a la apasionante y dramática historia humana, capaz de convertirse en un despliegue de liberación, crecimiento, salvación y amor, o en un camino de decadencia y de mutua destrucción. Por eso, la acción de la Iglesia no sólo intenta recordar el deber de cuidar la naturaleza, sino que al mismo tiempo «debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo»[47].

80. No obstante, Dios, que quiere actuar con nosotros y contar con nuestra cooperación, también es capaz de sacar algún bien de los males que nosotros realizamos, porque «el Espíritu Santo posee una inventiva infinita, propia de la mente divina, que provee a desatar los nudos de los sucesos humanos, incluso los más complejos e impenetrables»[48].  Él, de algún modo, quiso limitarse a sí mismo al crear un mundo necesitado de desarrollo, donde muchas cosas que nosotros consideramos males, peligros o fuentes de sufrimiento, en realidad son parte de los dolores de parto que nos estimulan a colaborar con el Creador[49]. Él está presente en lo más íntimo de cada cosa sin condicionar la autonomía de su criatura, y esto también da lugar a la legítima autonomía de las realidades terrenas[50]. Esa presencia divina, que asegura la permanencia y el desarrollo de cada ser, «es la continuación de la acción creadora»[51]. El Espíritu de Dios llenó el universo con virtualidades que permiten que del seno mismo de las cosas pueda brotar siempre algo nuevo: «La naturaleza no es otra cosa sino la razón de cierto arte, concretamente el arte divino, inscrito en las cosas, por el cual las cosas mismas se mueven hacia un fin determinado. Como si el maestro constructor de barcos pudiera otorgar a la madera que pudiera moverse a sí misma para tomar la forma del barco»[52].

99. Para la comprensión cristiana de la realidad, el destino de toda la creación pasa por el misterio de Cristo, que está presente desde el origen de todas las cosas: «Todo fue creado por él y para él » (Col 1,16)[80]. El prólogo del Evangelio de Juan (1,1-18) muestra la actividad creadora de Cristo como Palabra divina (Logos). Pero este prólogo sorprende por su afirmación de que esta Palabra «se hizo carne» (Jn 1,14). Una Persona de la Trinidad se insertó en el cosmos creado, corriendo su suerte con él hasta la cruz. Desde el inicio del mundo, pero de modo peculiar a partir de la encarnación, el misterio de Cristo opera de manera oculta en el conjunto de la realidad natural, sin por ello afectar su autonomía.

EL Papa nos recuerda el Logos a lo que podemos añadir que la palabra no solo es el sonido, es lo que se manifiesta… y hasta donde llega!

“En efecto, la palabra de Dios es viva y eficaz, más penetrante que espada de doble filo, y penetra hasta donde se dividen el alma y el espíritu, las articulaciones y los tuétanos, haciendo un discernimiento de los deseos y los pensamientos más íntimos.  No hay criatura a la que su luz no pueda penetrar; todo queda desnudo y al descubierto a los ojos de aquél al que rendiremos cuentas.” Hebreos 4, 12-13

Dios crea, en tanto sale de sí mismo, Dios crea, habitando lo que crea… es decir, que todo lo crea lleva a Dios mismo, dentro de sí. Por lo que el otro, es palabra de Dios, la epifanía, como manifestación de Dios, un Dios que es palabra y escucha…

Escucha, Israel: Yavé es el único

Deuteronomio 6, 1-9

Estos son los preceptos, las normas y los mandamientos que Yavé, Dios de ustedes, me mandó, para que yo se los enseñe y ustedes los cumplan en la tierra que va a ser de ustedes.  Temerás a Yavé, tu Dios, y guardarás todos los días de tu vida sus mandamientos y sus normas que te enseño hoy. Que los guarden tus hijos y los hijos de tus hijos, para que vivan largos años.

Escucha, pues, Israel, y cuida de poner en práctica lo que ha de traerte felicidad y prosperidad en esta tierra que mana leche y miel, como lo prometió Yavé, Dios de tus padres.

Escucha, Israel: Yavé, nuestro Dios, es Yavé-único.  Y tú amarás a Yavé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.  Graba en tu corazón los mandamientos que yo te entrego hoy, repíteselos a tus hijos, habla de ellos tanto en casa como cuando estés de viaje, cuando te acuestes y cuando te levantes.  Grábalos en tu mano como una señal y póntelos en la frente como tu distintivo; escríbelos en los postes de tu puerta y a la entrada de tus ciudades.

La palabra necesita de la escucha, de que le llegue a alguien la decodifique y la entienda… Si el hombre no escucha, no existe la Palabra, si no la decodifica si no la entiende, no dará fruto.  Por lo que Jesús invita a escuchar, guardar y dar fruto… “los de la tierra buena”.

Significado de la parábola del sembrador

Lc 8,11-15

«La parábola del sembrador significa esto: La semilla es el mensaje de Dios. 'Los de la orilla' son los que oyen sin prestar atención, no escuchan y se olvidan 'Los de las rocas' son los que, al escucharlo, reciben la Palabra con alegría, pero no tienen raíces; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba desertan. 'Lo que cayó entre zarzas' son esos que escuchan, pero con los afanes y riquezas y placeres de la vida, poco a poco se ahogan y no maduran. 'Los de la tierra buena' son los que escuchan, guardan la Palabra en un corazón noble y generoso y dan fruto con su perseverancia»

Y si de escuchar se trata, María es la mujer de la escucha, ejemplo de mujer que le abre de par en par la vida a Dios que llama a su puerta. Pero el Espíritu nos empuja a escuchar la Palabra…

Junto a María está el Silencio de José

“Una palabra habló el Padre, que fue su Hijo, y ésta habla siempre en eterno silencio, y en silencio ha de ser oída” (San Juan de la Cruz)

La palabra de José fue el silencio, por eso es para todos un maestro singular de escucha silenciosa y creativa de Jesús, Buena Noticia de Dios para la humanidad.

“También el trabajo de carpintero en la casa de Nazaret está envuelto por el mismo clima de silencio que acompaña todo lo relacionado con la figura de José. Pero es un silencio que descubre de modo especial el perfil interior de esta figura. Los Evangelios hablan exclusivamente de lo que José "hizo"; sin embargo, permiten descubrir en sus "acciones" -ocultas por el silencio- un clima de profunda contemplación. José estaba en contacto cotidiano con el misterio "escondido desde siglos", que "puso su morada" bajo el techo de su casa” (Redemptoris Custos, 25).

En la casa de José habita la Palabra, que contiene la vida, y es la luz para la humanidad; este misterio de amor inunda su vida y la hace estallar nuevos gestos de dicha y cercanía.

Al escribir poesía, San Juan de la Cruz intenta lo imposible: comunicar al lector su infinita experiencia mística. Su tarea parece condenada al fracaso por la esencia misma de lo que el poeta pretende, que es traducir una experiencia racional e infinita a través de un instrumento racional y limitante como es el lenguaje.

Poesía

"A la tarde te examinarán en el amor. Aprende a amar como Dios quiere ser amado y deja tu condición"(Fray Juan de la Cruz).

dichos

"Procure siempre inclinarse no a lo más fácil, sino a lo más dificultoso. No a lo más sabroso sino a lo más desabrido. No a lo más gustoso sino antes a lo da que menos gusto. No a lo que es descanso, sino a lo trabajoso. No a lo que es consuelo, sino antes al desconsuelo. No a lo más, sino a lo menos. No a lo más alto y precioso, sino a lo más bajo y despreciado. No a lo que es querer algo, sino a no querer nada. No andar buscando lo mejor de las cosas temporales, sino lo peor. Y desear entrar en toda desnudez y vacío y pobreza por Cristo de todo cuanto hay en el mundo"

El santo utiliza el poema para transmitir la experiencia inenarrable de Dios en su vida, que va más allá del concepto.  Los místicos comunican la experiencia profunda (revelación de Dios – Teología Mística)

La palabra es la cultura lo que rodea a la persona – donde Jesús es el lenguaje / la palabra de pobre y en que se expresa “de la abundancia de Dios-Jesús que habla el corazón”, esa palabra está ligada con la ontología de las cosas, al ser y el saber.  Una palabra que brota desde las entrañas.

Jesús mismo en la palabra que se encarna en la cultura, más allá del signo o elemento lingüístico, la palabra es el hombre, es el pobre… no hay que olvidar que la palabra se encarna, está para ser decodificada, entendida, descifrada en el día a día.

La palabra que se encarna en el vientre, de donde sale la vida - el ser, desde donde habla Dios en el saber donde al hablar de Jesús, habla Dios que sale al encuentro.  María, por su parte, guarda las palabras que recibe, su corazón desde donde interactúa, se interrelaciona con el ser humano.  Dios es una palabra que no silencia, por el contrario da paso al hombre, para que hable él… no lo opaca, le da posibilidad de ser una prolongación de Dios, en la creación, el mundo y en su dignidad.

Espiritualidad

La “Espiritualidad es vivir según el modo de Dios, dejándonos guiar por el Espíritu”, es decir que en tanto el Espíritu es Dios habitando en el interior del hombre, Dios está estrechamente unido con el hombre. Dios lo habita al punto que el Espíritu de Dios en el hombre (Olaizolasj).

En medio del ruido, las palabras, las voces, las imágenes… escuchar en el silencio es encontrar el alma… por lo que es bueno crear el ambiente para escuchar la palabra.  Pues Dios es palabra en búsqueda de un oyente, por lo que es necesario, urgente, fundamental afinar el oído para receptar la palabra.

María de Betania y la escucha atenta. Escucha… con atención amorosa (Lc 10,39).

La escucha supone disponibilidad. Quien decide escuchar tiene que hacer espacio y silencio en su interior; abrir no sólo los oídos, sino la mente y el espíritu; ponerse en actitud de diálogo; en deseo de compartir alegrías, penas, dudas, seguridades; supone, voluntad de compromiso.

La Oración es la escucha de Dios, el Trato de Amistad como lo expresa Santa Teresa de Jesús, el diálogo de la palabra humana y la palabra divina…

Santa Teresa en el Libro de la Vida 25,18-19

“Pues estando en esta gran fatiga, solas estas palabras bastaban para quitármela y quietarme del todo: No hayas miedo, hija, que Yo soy y no te desampararé; no temas. Paréceme a mí, según estaba, que era menester muchas horas para persuadirme a que me sosegase y que no bastara nadie.

Heme aquí con solas estas palabras sosegada, con fortaleza, con ánimo, con seguridad, con una quietud y luz que en un punto vi mi alma hecha otra, y me parece que con todo el mundo disputara que era Dios. ¡Oh, qué buen Dios! ¡Oh, qué buen Señor y qué poderoso! No sólo da el consejo, sino el remedio. Sus palabras son obras. ¡Oh, válgame Dios, y cómo fortalece la fe y se aumenta el amor!

Es así, cierto, que muchas veces me acordaba de cuando el Señor mandó a los vientos que estuviesen quedos, en la mar, cuando se levantó la tempestad y así decía yo: ¿Quién es éste que así le obedecen todas mis potencias, y da luz en tan gran oscuridad en un momento, y hace blando un corazón que parecía piedra, da agua de lágrimas suaves adonde parecía había de haber mucho tiempo sequedad? ¿Quién pone estos deseos? ¿Quién da este ánimo? Que me acaeció pensar: ¿de qué temo? ¿Qué es esto? Yo deseo servir a este Señor. No pretendo otra cosa sino contentarle. No quiero contento ni descanso ni otro bien sino hacer su voluntad. Pues si este Señor es poderoso, como veo que lo es y sé que lo es, y que son sus esclavos los demonios (y de esto no hay que dudar, pues es fe), siendo yo sierva de este Señor y Rey, ¿qué mal me pueden ellos hacer a mí? ¿Por qué no he yo de tener fortaleza para combatirme con todo el infierno?

Tomaba una cruz en la mano y parecía verdaderamente darme Dios ánimo, que yo me vi otra en un breve tiempo, que no temiera tomarme con ellos a brazos, que me parecía fácilmente con aquella cruz los venciera a todos. Y así dije: «ahora venid todos, que siendo sierva del Señor yo quiero ver qué me podéis hacer».

La Palabra viene como luz para nuestros caminos, como para los discípulos de Emaús,  la Palabra viene como amor para nuestro corazón, como alegría y para ir por la vida caminando y cantando. La Palabra es luz, porque se hace humanidad, habla nuestro lenguaje, ha tomado nuestra carne. La Palabra es Jesús.

Hasta que al final de los tiempos la Palabra creadora, que salió a contar al mundo el amor de Dios, una a la humanidad en un abrazo lleno de gozo, en el que se muestre ya sin sombras, ni lágrimas que Dios es todo en todo. “El Espíritu y la novia dicen: “¡Ven!” El que lo oiga, que repita: “¡Ven!” el que tenga sed y quiera, que venga a beber de balde el agua de la vida. El que atestigua esto responde: “Sí, vengo en seguida”. Amén. ¡Ven, Señor, Jesús!” (Apocalipsis 22,17.20).

Bibliografía

Sitios web referencia

https://delaruecaalapluma.wordpress.com/

http://www.revistadeespiritualidad.com/

http://www.cipecar.org/es/portada/

http://www.mistica.es/